Unión se vio atrapado por sus irregularidades

Es lo que identificó este comienzo de campeonato para el equipo de Kudelka. Con los mendocinos, de jugar bien o muy bien, pasó a hacerlo muy mal sin un punto intermedio de equilibrio.

De mayor a menor. Como le pasó en el partido contra Chacarita, Sebastián Vidal arrancó muy bien pero luego fue perdiendo gravitación en la zona de contención. Contra los mendocinos precisó un “5” que lo ayude en el segundo tiempo. Foto:Mauricio Garín

De mayor a menor. Como le pasó en el partido contra Chacarita, Sebastián Vidal arrancó muy bien pero luego fue perdiendo gravitación en la zona de contención. Contra los mendocinos precisó un “5” que lo ayude en el segundo tiempo. Foto:Mauricio Garín

La receta futbolera de Unión requiere de tiempo. No es fácil conformar un equipo cuando hay 12 jugadores nuevos que se incorporaron al plantel y otro entrenador. Del equipo-base del año pasado, sólo Limia, Alejandro Pérez y Correa ofician de “sobrevivientes”, más un Maidana que condiciona su titularidad a la utilización o no de línea de cuatro por parte del técnico. Ya lo dijimos en otra nota de similares características: el año pasado decíamos que Unión tenía un mediocampo de jerarquía para la categoría con Matías Donnet, Calgaro, Saucedo y Jorge Torres. Hoy, Calgaro-Saucedo buscan su lugar en Tiro Federal, el “Coqui” Torres se fue al Mérida mexicano y Matías Donnet no encontró aún su lugar más allá de sus jóvenes 30 años que le permitirían continuar en un mediano nivel competitivo por varias temporadas más. Los cuatro se fueron de Unión y, salvo Matías, no tuvieron una buena segunda parte del campeonato, como el resto del equipo.

Cuando uno habla de la necesidad de tiempo, irremediablemente lo asocia con la paciencia del hincha. Entiendo que el hincha está cansado y todos lo asumimos como una realidad. Unión inició su octava temporada en la B Nacional y salvo el torneo de la Promoción con los jujeños, jamás arrimó con chances concretas. Por eso, el hincha se desespera y pueden ocurrir esos desbordes como el del sábado pasado, cuando a partir de un penal cobrado en contra y de una bandera levantada erróneamente por un juez de línea, se produce un escándalo de proporciones que no terminó con un jugador de Unión o un policía lesionado, o el partido y la cancha suspendida, de casualidad.

¿Cuánto puede aguantar el hincha de Unión?, uno espera que lo suficiente para permitir que el equipo “engrane”. Kudelka es un entrenador que promete trabajo y mucha dedicación. Y sabe qué está dirigiendo y con qué objetivo, obrando en consecuencia. Nadie le podrá reprochar un esquema con intenciones mezquinas. Sabe que dirige a Unión, que necesita ganar en todas las canchas y que la meta es el ascenso. Dirigió a Boca Unidos, donde nadie le podía reclamar que lo ascienda a Primera; sabe que acá la situación es totalmente distinta.

Todo por verse

Cuando Kudelka dirigió a Unión en Primera, lo hacía jugar con un 4-3-1-2 generalmente. Pero en Boca Unidos la postura táctica fue distinta. Y a la hora de armar este Unión, también pensó en ese sistema para formar el plantel, al punto tal que se quedó con Rosales para que juegue de enganche, buscó a Pablo Pérez con la idea de que sea el doble 5, trajo un zurdo neto como Velázquez para que juegue de carrilero y pidió delanteros de variadas características para que jueguen arriba, además de defensores que conozcan el sistema y que, como fue el caso de Cárdenas, también conozcan las exigencias del entrenador.

Ese 3-4-1-2 recién lo empleó por primera vez el sábado pasado ante los mendocinos, pero podría abandonarlo para el domingo por la casi segura ausencia de Avendaño. Y habrá que reconocerle a Kudelka que no le fue mal en el primer tiempo, cuando se vio lo mejor de Unión.

Pero así como el único defecto achacable, en esa parte inicial, fue no haber “liquidado” el partido con algún gol más y dejar abierto el terreno para la recuperación de Independiente Rivadavia, lo que sorprendió muchísimo fue el pronunciado bajón de la parte final.

Lo peor que le puede ocurrir a un equipo es convertirse en irregular. No se puede jugar en un gran nivel futbolístico y físico durante 90 minutos, pero tampoco se puede pasar de estar muy bien a estar muy mal. Mayor regularidad y menos bajones en un mismo partido, son los síntomas que identifican a un equipo confiable. Hoy, Unión no lo es; no sólo por la cosecha de resultados (3 puntos sobre 9) sino por esa irregularidad que quedó muy evidenciada el sábado pasado.

¿A punto en lo físico?

Está claro que el primer tiempo con Merlo y el mismo pasaje con Independiente Rivadavia ha sido lo mejor del equipo. Y que en el marco de un pésimo partido, un rato del primer tiempo con Chacarita también sirve para ser rescatado. Lo peor de Unión siempre se ha visto, por el momento, en los segundos tiempos. ¿Por qué?

Kudelka habló de razones futbolísticas a la hora de explicar la derrota del otro día. “Tuvimos que pararnos 20 ó 25 metros más arriba”, dijo en medio de su propia calentura por la derrota y los accidentes del partido. Pero le faltó claridad y decisión para hacer los cambios, reacomodando el equipo, y se notó el declive físico de algunos jugadores. Rosales siempre va de mayor a menor, lo propio ocurrió con Mannara, también con Pablo y Alejandro Pérez y con Quiroga, por mencionar algunos.

Daría la impresión de que todavía el equipo no tiene una correcta administración de fuerzas físicas para que el ritmo y el ímpetu no se decaiga en la parte final de los encuentros. Es parte de ese tiempo que todavía se necesita lograr la puesta a punto.

Lo bueno es que si el equipo ha sido capaz de tener un desempeño aceptable, en algunos pasajes de los dos partidos como local, es porque está capacitado para jugar bien. No sólo hay que lograr mayor continuidad en este aspecto, sino también que empiecen a aparecer los caudillos que le den personalidad y aplomo al conjunto.

Ponerse la camiseta de Unión, en esta categoría y en los tiempos que se viven, no es fácil. La de River o la de Boca pesa dos toneladas siempre. La de Unión, transitando la octava temporada en la B y con la gente en un estado de impaciencia y exigencia, también pesa bastante.

Esto lo deben entender todos, al margen del lógico reclamo de paciencia que se le hace al hincha, por tratarse, una vez más y como siempre en estos años, de un equipo casi nuevo.

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